Friday, 8 April 2022

Canadá, la supuesta utopía, NUNCA ha reconocido públicamente la culpabilidad del gobierno canadiense o incluso la conciencia del horror de Duplessis...

 

                                                                                          Publicaré sobre esta atrocidad por el resto de mi vida si eso es lo que se necesita para crear conciencia y obligar al gobierno canadiense a admitir lo que sucedió..
 
 Los Derechos Humanos pisoteados en el Mundo

Podríamos pensar que a estas alturas de la historia los derechos humanos estarían a salvo, reconocidos por las naciones del mundo y disfrutados por toda la humanidad. Pero no es así; están pisoteados en buena parte del mundo y perseguidos quienes los defienden y proclaman.

Los derechos humanos no están universalmente protegidos.

"Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana". Así comienza el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, adoptada por la Asamblea General el 10 de diciembre de 1948. Como resultado de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional se comprometió a no permitir nunca más atrocidades como las sucedidas en ese conflicto. Ya vemos como se ha venido cumpliendo en la historia desde entonces ese compromiso. Las guerras son el sino de la humanidad.

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La Declaración de Naciones Unidas, proclama "como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción".

Para conocer cual es la trágica realidad por la que atraviesan los Derechos Humanos en el Mundo, me voy a referir al Informe Anual 2020/2021 de Amnistía Internacional. El informe recorre las vulneraciones de derechos humanos. El año 2021 debería haber sido un año de recuperación. "En cambio, se convirtió en el vivero de una desigualdad más profunda y una mayor inestabilidad". España también aparece en el Informe.

    No puede existir estado de derecho en las sociedades si no se protegen los derechos humanos y viceversa. El estado de derecho es el mecanismo de aplicación de los derechos humanos, convirtiéndolos de un principio en una realidad

El informe 2021, publicado en marzo de 2022, muestra que las promesas de reconstruir las sociedad mejor tras la pandemia de COVID-19 se quedaron en palabras huecas. Las esperanzas de cooperación global se desvanecieron ante el acaparamiento de vacunas y la avaricia empresarial. Los gobiernos reprimieron las voces independientes y críticas, y algunos llegaron a utilizar la pandemia como pretexto para reducir aún más el espacio de la sociedad civil. Surgieron nuevos conflictos y se perpetuaron otros no resueltos. Las personas obligadas a huir se vieron sometidas a una cadena de abusos, tales como expulsiones sumarias ejecutadas por los países del llamado Norte global.

La inacción global a la hora de abordar los conflictos que se multiplicaban, aumentó la inestabilidad y la devastación

La ineficacia de la respuesta internacional a estas crisis quedó patente con la parálisis en el Consejo de Seguridad de la ONU, que no actuó en relación con las atrocidades que se estaban cometiendo en Myanmar, ni con las violaciones de derechos humanos en Afganistán o los crímenes de guerra en Siria. "Esta vergonzosa inacción, la parálisis continuada de los organismos multilaterales y la ausencia de rendición de cuentas de Estados poderosos contribuyeron a preparar el terreno para la invasión de Ucrania por Rusia, que ha violado de forma flagrante el derecho internacional".

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En 2021 hubo desplazamientos masivos causados por crisis tanto emergentes como ya arraigadas. La situación de países como Afganistán, Etiopía y Myanmar dio lugar a nuevas olas de desplazamiento. Miles de personas continuaron abandonando Venezuela, y sólo el conflicto en curso en República Democrática del Congo llevó a 1,5 millones de personas a huir de su hogar en 2021. Millones de personas tuvieron que dejar sus países debido a violaciones de derechos humanos relacionadas con conflictos y violencia, con desigualdades, y con el cambio climático y la degradación ambiental; entre los grupos más afectados por el desplazamiento se hallan las minorías étnicas.

Según el ACNUR, a mediados del año pasado había 26,6 millones de personas refugiadas y 4,4 millones de solicitantes de asilo en todo el mundo. La comunidad internacional no proporcionó el apoyo adecuado y, lo que es peor, restringió el acceso a las zonas seguras. Las personas en movimiento se vieron además sometidas a una cadena de abusos, y la comisión sistemática de violaciones generalizadas de derechos humanos, tales como expulsiones sumarias, tortura y violencia sexual no fue castigada.

La tendencia global a amordazar las voces independiente:/
 
La tendencia global a amordazar las voces independientes y críticas cobró fuerza en 2021, cuando los gobiernos desplegaron un abanico creciente de herramientas y tácticas. Defensores y defensoras de los derechos humanos, ONG, medios de comunicación y dirigentes de la oposición fueron objeto de detención ilegítima, tortura y desaparición forzada, muchos bajo la cortina de humo de la pandemia.

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Mediante falsas promesas de una recuperación justa de la COVID-19 con miras a abordar desigualdades profundamente arraigadas, los dirigentes del mundo se confabularon con gigantes empresariales para acaparar poder y beneficios. El fracaso total de la comunidad global a la hora de afrontar la multiplicación de conflictos sembró las semillas de una escalada aún mayor. Su impacto perjudicó a las comunidades más marginadas del mundo, incluidas las de África, Asia y América Latina.

Según el informe de Amnistía Internacional, en España, las autoridades no garantizaron el acceso adecuado a los servicios de salud durante la pandemia. Persistió la violencia contra las mujeres, aunque se tomaron medidas para reforzar las salvaguardias jurídicas. El derecho a la vivienda sigue sin estar suficientemente protegido. Continuó sin reformarse la legislación que restringía indebidamente el derecho a la libertad de expresión y de reunión pacífica. Persistió el uso excesivo de la fuerza por funcionarios encargados de hacer cumplir la ley. Las autoridades no garantizaron unas condiciones de acogida adecuadas y un procedimiento de asilo justo y eficaz a las personas que llegaron de forma irregular a las islas Canarias. El gobierno aprobó un proyecto de ley sobre los derechos de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo, aunque los tribunales seguían negándoles el acceso a la justicia.

Persistieron los casos de uso innecesario y excesivo de la fuerza por las fuerzas de seguridad. Amnistía señala que en febrero, un agente de policía disparó contra las personas que se manifestaban en Linares, en protesta por la agresión a un hombre y su hija por dos agentes de policía fuera de servicio. Una investigación interna concluyó que no era posible identificar al agente que había disparado. El Ministerio del Interior rechazó la recomendación del Defensor del Pueblo de adoptar mecanismos para impedir la asignación incorrecta de munición y garantizar la identificación de los agentes.

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También en febrero, una mujer perdió un ojo por el impacto de una bala de goma disparada por la policía autonómica catalana durante las protestas que siguieron a la detención del rapero Pablo Hasél. Se abrió una investigación judicial. No se reformó y siguió aplicándose la Ley de Seguridad Ciudadana de 2015 y las disposiciones del Código Penal que restringen indebidamente el derecho a la libertad de expresión y de reunión pacífica. El rapero Pablo Hasél empezó a cumplir su condena de nueve meses de prisión por los delitos de enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona y contra las instituciones del Estado, por sus publicaciones en Twitter.

Del seguimiento realizado en 154 países, se desprende que los derechos a la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica se vieron reprimidos a niveles alarmante en el mundo

El 43% de los países analizados por Amnistía Internacional, aprobaron nuevas leyes que restringían a las personas la expresión pacífica de sus derechos. En el 55% de los países se hizo un uso excesivo o innecesario de la fuerza contra manifestantes. En el 54% se detuvo arbitrariamente a quienes defendían los derechos humanos

Debemos luchar contra todos y cada uno de sus intentos de acallar nuestras voces. Hay que apoyar cualquier acción de solidaridad con los movimientos populares con el propósito de exigir respeto al derecho a la protesta. Debemos construir y potenciar la solidaridad global, porque los líderes políticos del mundo no terminan de hacerlo.

La piedra angular de la libertad para vivir en dignidad es el marco internacional de derechos humanos. El estado de derecho exige que los procesos jurídicos, las instituciones y las normas sustantivas sean compatibles con las normas de derechos humanos, incluidos los principios básicos de igualdad ante la ley, rendición de cuentas ante la ley y equidad en la protección y reclamación de los derechos.

No puede existir estado de derecho en las sociedades si no se protegen los derechos humanos y viceversa. El estado de derecho es el mecanismo de aplicación de los derechos humanos, convirtiéndolos de un principio en una realidad.

Los derechos humanos pisoteados en el mundo Por Víctor Arrogante

Wednesday, 30 March 2022

Regímenes canadienses: El tráfico de niños con fines de lucro bajo el lema "En el mejor interés de los niños" es un crimen de lesa humanidad

                                       Canadá se volvió un poco más interesante

El acuerdo al que llegó Justin Trudeau con Jagmeet Singh para permanecer en el poder hasta 2025 hizo que Canadá fuera un poco más interesante, políticamente hablando.

 Andrew Mitrovica: Canadá es un país grande con poca imaginación, políticamente hablando.

Muchos políticos y expertos canadienses lo prefieren así, ya que la previsibilidad a menudo se considera sinónimo de estabilidad. Y la estabilidad a menudo se considera una virtud en un país cauteloso con poca afinidad o entusiasmo por el pensamiento imaginativo, políticamente hablando.

Entonces, cuando el gobernante Partido Liberal, dirigido por un reprendido y vulnerable Primer Ministro Justin Trudeau, acordó la semana pasada entablar una entente con Jagmeet Singh, el líder de los supuestos socialistas, el Nuevo Partido Democrático (NDP), Canadá se volvió un poco más interesante, políticamente hablando.

Destilado hasta la médula, el pacto Liberal-NDP exige que Singh apoye al gobierno minoritario de Trudeau hasta 2025. A cambio, Trudeau intentará encontrar el dinero en los presupuestos posteriores a la pandemia para aliviar a los canadienses en apuros de los altos costos de cuidar de sus vidas. dientes y comprar medicamentos recetados.

Trudeau obtiene lo que quiere: seguir siendo primer ministro por más tiempo de lo que la mayoría de los observadores, incluido su servidor, creían posible. Singh obtiene lo que quiere: crédito por ayudar a las personas que necesitan ayuda que, con el tiempo, podría generar dividendos.

Para ser claros: esto no es una coalición, donde Singh y compañía se verían obligados a sentarse, rodilla con rodilla, en una sala llena de ministros del gabinete liberales apóstatas. En cambio, Singh ha aprovechado el control del NDP sobre el equilibrio de poder en el parlamento en lo que equivale a una “coalición ligera”.



Mucho más importante, ha ganado, en el papel, compromisos, no promesas, de Trudeau para hacer lo que el primer ministro, hasta ahora, se ha mostrado reacio a hacer.

Con una nota obstinada y práctica, Singh sabe que el NDP tardará años en reponer sus arcas vacías antes de que pueda siquiera contemplar financiar una costosa campaña electoral federal. Como tal, la decisión de Singh de actuar como Robin para el Batman de Trudeau hasta 2025 es un subproducto necesario del balance vacilante del partido, así como una oferta genuina para ayudar a los canadienses necesitados.

Por desgracia, el eje Trudeau-Singh, negociado en secreto por un puñado de asesores, tuvo la dosis necesaria de tratos clandestinos e intrigas para desencadenar una reacción histérica entre los políticos y comentaristas conservadores indignados que estaban tan horrorizados que le suplicaron a Dios en Twitter que los salvara. Canadá de ser desfigurado más allá del reconocimiento o, peor aún, destruido por un par de revolucionarios amantes de Fidel Castro.

Como regla general, creo que si los excitables políticos y columnistas conservadores se vuelven hacia el cielo como parte de una rabieta apoplética de que Canadá está a punto de transformarse en una versión un poco más agradable de Corea del Norte, entonces alguien, en algún lugar, se ha ganado una gran ronda de aplausos por haber hecho algo bien.

Si bien tengo algunas dudas sobre cómo surgió el pacto Trudeau-Singh y los funcionarios no elegidos que lo armaron, cada vez que un gobierno hace lo que parece ser una promesa vinculante para ayudar a las personas que necesitan ayuda, es decir, en cualquier medida, una buena cosa.

Aún así, el cínico confirmado en mí se pregunta no solo si Trudeau estará en el cargo el tiempo suficiente para mantener su palabra, sino también si Singh también podría haber sacado más partido de un gobierno ansioso por evitar un voto de censura y otra elección federal.

Después de haber trabajado en Parliament Hill hace décadas, puedo asegurarles que la desconfianza y la enemistad entre los liberales y el NDP alguna vez fueron tan profundas como cualquier grieta del Himalaya.

Persiste una buena dosis de esa desconfianza y enemistad. Nació, en gran parte, de la costumbre histórica del Partido Liberal de virar a la izquierda cuando soplan los vientos dominantes.

Esto se ha traducido en que el partido de Canadá haremos y diremos cualquier cosa para ganar unas elecciones robando, directamente, los programas que defendió el NDP cuando era un partido socialista real y no fingido. (En estos días, fiel a la forma de tostadas de leche, los supuestos socialistas han prohibido la palabra "socialista" de la constitución de su partido).

Entendido en este contexto, el aparente apetito de Trudeau por jugar a hacer un trato con Singh confirma, una vez más, un rasgo liberal definitorio y el cálculo parroquial de un primer ministro herido para permanecer en el cargo en lugar de cualquier necesidad permanente de servir al interés público.

Dado el escepticismo y la desconfianza tradicionales del NDP (soy caritativo) de las intenciones y motivaciones del Partido Liberal, Singh puede haber pensado que era prudente diseñar, según se informa durante meses, un acuerdo con Trudeau en privado y solo consultar con su mísero grupo de 25 miembros después de el hecho de prevenir fugas potencialmente fatales.

 Para un partido que profesa una devoción casi religiosa, con la mano en el corazón socialista fingido, a la transparencia y la democracia "de base", el acuerdo a puertas cerradas de Singh con Trudeau es la antítesis de esas supuestas convenciones solemnes.

 En cualquier caso, el pacto Trudeau-Singh deja en claro la delgada luz del día entre los liberales y los pretendidos socialistas de Canadá en materia de política interior y exterior. De hecho, Singh fue elegido líder del NDP como una refutación efervescente a un primer ministro efervescente. 

Esto puede contribuir de alguna manera a explicar el lamentable fracaso de Singh y sus asesores vitalicios para luchar, por ejemplo, con enmiendas más justas y justas a una serie de políticas exteriores liberales inflexibles e inhumanas como una reciprocidad tangible para el matrimonio de conveniencia del NDP y algo convicción. 

 El principal de ellos es el apoyo evangélico de Trudeau a Israel. Esto, a pesar de una biblioteca de informes de grupos de derechos humanos de que el aliado de Canadá en el Medio Oriente que nunca puede hacer nada malo es culpable de apartheid mientras continúa desalojando, encarcelando, traumatizando, mutilando y matando metódicamente a niños, mujeres y hombres cuando quiera, por las razones que quiera, durante el tiempo que quiera. 

 Estoy seguro de que los conservadores y sus apologistas hiperbólicos se consuelan con eso. 

 Pero sus frenéticas súplicas a Dios para que los salve del eje Trudeau-Singh pueden reflejar una admisión sobria de que si, un día en un futuro quizás no muy lejano, el NDP y los liberales pasan, posiblemente, de una entente a una fusión, entonces las perspectivas de que los conservadores formen un futuro gobierno pueden reducirse a cero. 

 Los números en este puntaje son absolutos.

 En las elecciones de 2021, más de 8,5 millones de canadienses votaron por candidatos liberales y del NDP combinados, o el equivalente a casi el 50 % del voto popular. Los resultados de las elecciones de 2019 fueron casi idénticos al punto porcentual. 

Los canadienses votan de centro izquierda. Si incluso una porción de votantes liberales blandos o desencantados se abriera camino, los conservadores se enfrentarían a una tarea hercúlea, dada la lealtad inamovible del país a la elección del gobierno a través del primer paso, para derrotar a un sindicato liberal-NDP. 

El Partido Conservador ha virado de regreso a la extrema derecha, uniéndose a sus rabiosos hermanos ideológicos del sur para abrazar una letanía de agravios imaginarios disfrazados de "libertades" como el principio gobernante dominante y coqueteando con teorías de conspiración enloquecidas.

 Si bien dedica tiempo y energía a lo que parece destinado a ser una contienda de liderazgo divisiva y agotadora entre la derecha lunática y la derecha no tan lunática, la entente Liberal-NDP puede resultar agradable para los votantes que ya se inclinan por el centro-izquierda. 

Para 2025, eso podría significar, en las sabias palabras de ese sabio inmortal, Bugs Bunny, "eso es todo, amigos" para el Partido Conservador.